Situación: Calle Dormer
 Datación Primer cuarto del siglo XVI
 Uso actual Sede de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza.
 Teléfono  
 Puntos de  interés
Fachada.
 Horario

Visitas guiadas sábados y domingos de 11 a 14 H (excepto el mes de agosto)
Información: Oficina de turismo Plaza del Pilar.
Tlf 976 20 12 00 www.zaragozaturismo.es

Palacio renacentista aragonés conocido como casa de Miguel Donlope o de la Real maestranza de Caballería por servir de sede a esta Real Corporación zaragozana.

Construido durante la tercera y cuarta década del siglo XVI es un ejemplo del modelo de casa-palacio aragonés.

Lo mandó edificar D. Miguel Donlope, notable jurista zaragozano miembro de una importante familia aragonesa oriunda de Montmesa (Huesca). Ostentó durante largo tiempo el cargo de abogado de la Ciudad lo que lo convertiría en uno de los personajes con más poder de Zaragoza. Gran conocedor de las tesis erasmistas, y con un origen converso, muy pronto fue investigado por la Inquisición, de la que escapó convirtiéndose en “familiar” del Santo oficio en Zaragoza.

Su poder ciudadano quedó plasmado en el lugar elegido para su palacio, justo detrás de la Seo. Se desconoce quién fue el maestro de obras, pero en su construcción trabajaron el cantero vasco Juan de Landernain, autor de las columnas del patio y de la portada (hoy desaparecidas) y el logroñés Pedro Rebollo, rejero del rey, quién se encargó de las rejas de los vanos, además de los fusteros Jaime Fanegas (autor del alero) y Bernat Giner.

La estética de la fachada de este palacio señala los avances renacentistas que definen ambientes nuevos de una ciudad del siglo XVI muy diferentes de fachadas anteriores muy austeras y menos evolucionadas. Con huecos rejados en la planta baja, más reducidos en la planta noble y mirador coronado por alero, responde a fachadas similares de otros palacios anteriores, pero su elaboración reflejan ya una preocupación por una valoración estética del exterior de la vivienda.

La disposición regular de los vanos y la distinción tripartita de la fachada reflejan un orden estético. El mirador, tan típico en los palacios aragoneses, tiene ventanal doblado, óculos en los antepechos y resaltes en parte baja, en la línea de pretiles y en el arranque de arcos de medio punto, estética que responde al nuevo tipo diáfano y de efecto plástico de las nuevas casas zaragozanas del renacimiento.

El alero, uno de los más espectaculares de los palacios aragoneses, es obra del fustero Jaime Fanegas, es de los primeros elaborados respondiendo al tipo clásico del momento. Reproducen, en madera, las cornisas de los tratados renacentistas que poseía Jaime Fanegas, el artífice más vanguardista de su época. Personaje inquieto y polifacético, responde al prototipo de hombre renacentista; aparte de fustero, es inventor de ingenios hidráulicos, descubridor de minas, constructor de puentes (como el que realizó sobre el Ebro)y autor de un proyecto para extraer madera del Pirineo para abastecer las galeras de Felipe II.

Tras cruzar el zaguán nos encontramos con la típica luna o patio aragonés con columnas jónicas anilladas en la planta baja y sobrias toscanas en el principal, obra del cantero Landernain. Básicamente tiene la concepción de los patios de palacios de época anterior aunque con elementos de estilo renacentista. La galería alta de la luna, con apariencia robusta y más severa que el resto, está compuesta por arcos de medio punto y columnas de orden riguroso.
La escalera claustral, que nace del patio, arranca de dos columnas jónicas coronadas por figuras humanas y monstruosas formando parte de la decoración de yeso que se desarrolla a lo largo del pretil hasta la galería superior donde se hallan unos tondos ocupados por bustos de personajes, roleos y máscaras. El antepecho está decorado con candelabros de grutescos y en las enjuntas de los arcos se pueden encontrar escenas mitológicas (como la lucha de Hércules y Anteo).
Pero lo más notable y una de las piezas estelares del palacio, es la techumbre cupular de la caja de la escalera. Magnifica obra de madera del fustero Bernat Giner, circundada por un corredor abierto que retoma la estructura de la cubierta de la Sala Dorada o Salón del trono del Palacio de la Aljafería. Bernat Giner consiguió una armonía perfecta en la combinación de los motivos de tradición mudejar (mocárabes, estrellas y lacerías) con los renacentistas (casetones octogonales, medallones, y grutescos).

 

En cuanto a los salones destacan los tres utilizados por la Real Maestranza para sus reuniones. Son dignos de resaltar los techos de las tres salas, una obra cuidada que viene a continuar la labor realizada en la caja de la escalera. Obra de Bernat Giner, realizó la mejor obra de fustería en la sala sur, siendo la central la más regular. En las tres techumbres se combinan el gusto renacentista con la tradición local y evidencia la versatilidad de la carpintería en una obra arquitectónica. En uno de estos salones se conserva el tapiz de San Jorge, espectacular pieza de principios del siglo XVI, donde se recoge la leyenda del Santo y el dragón. Este tapiz es el único que hay en Aragón con la efigie de San Jorge, añadiéndole por este motivo un gran valor sentimental aparte del artístico.


La importancia de este palacio fue reconocida con su declaración como Monumento Nacional en 1931.

Sin duda el palacio de Donlope representa uno de los más claros ejemplos del arte renacentista aragonés de su cuidado y conservación hasta nuestros días ha sido responsable directo la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza.