| Palacio
renacentista aragonés conocido como casa de
Miguel Donlope o de la Real maestranza de Caballería
por servir de sede a esta Real Corporación zaragozana.
Construido durante la tercera y cuarta década
del siglo XVI es un ejemplo del modelo de casa-palacio
aragonés.
Lo mandó edificar D. Miguel Donlope,
notable jurista zaragozano miembro de una importante familia
aragonesa oriunda de Montmesa (Huesca). Ostentó durante
largo tiempo el cargo de abogado de la Ciudad lo que lo convertiría
en uno de los personajes con más poder de Zaragoza.
Gran conocedor de las tesis erasmistas, y con un origen converso,
muy pronto fue investigado por la Inquisición, de la
que escapó convirtiéndose en “familiar”
del Santo oficio en Zaragoza.
Su
poder ciudadano quedó plasmado en el lugar elegido
para su palacio, justo detrás de la Seo. Se desconoce
quién fue el maestro de obras, pero en su construcción
trabajaron el cantero vasco Juan de Landernain,
autor de las columnas del patio y de la portada (hoy desaparecidas)
y el logroñés Pedro Rebollo,
rejero del rey, quién se encargó de las rejas
de los vanos, además de los fusteros Jaime
Fanegas (autor del alero) y Bernat Giner.
La estética de la fachada de este
palacio señala los avances renacentistas que definen
ambientes nuevos de una ciudad del siglo XVI muy diferentes
de fachadas anteriores muy austeras y menos evolucionadas.
Con huecos rejados en la planta baja, más reducidos
en la planta noble y mirador coronado por alero, responde
a fachadas similares de otros palacios anteriores, pero su
elaboración reflejan ya una preocupación por
una valoración estética del exterior de la vivienda.
La disposición regular de los vanos y la distinción
tripartita de la fachada reflejan un orden estético.
El mirador, tan típico en los palacios
aragoneses, tiene ventanal doblado, óculos en los antepechos
y resaltes en parte baja, en la línea de pretiles y
en el arranque de arcos de medio punto, estética que
responde al nuevo tipo diáfano y de efecto plástico
de las nuevas casas zaragozanas del renacimiento.
El alero, uno de los más espectaculares
de los palacios aragoneses, es obra del fustero Jaime Fanegas,
es de los primeros elaborados respondiendo al tipo clásico
del momento. Reproducen, en madera, las cornisas de los tratados
renacentistas que poseía Jaime Fanegas, el artífice
más vanguardista de su época. Personaje inquieto
y polifacético, responde al prototipo de hombre renacentista;
aparte de fustero, es inventor de ingenios hidráulicos,
descubridor de minas, constructor de puentes (como el que
realizó sobre el Ebro)y autor de un proyecto para extraer
madera del Pirineo para abastecer las galeras de Felipe II.
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En cuanto a los salones destacan los
tres utilizados por la Real Maestranza para sus reuniones.
Son dignos de resaltar los techos de las tres salas,
una obra cuidada que viene a continuar la labor realizada
en la caja de la escalera. Obra de Bernat Giner, realizó
la mejor obra de fustería en la sala sur, siendo
la central la más regular. En las tres techumbres
se combinan el gusto renacentista con la tradición
local y evidencia la versatilidad de la carpintería
en una obra arquitectónica. En uno de estos salones
se conserva el tapiz de San Jorge,
espectacular pieza de principios del siglo XVI, donde
se recoge la leyenda del Santo y el dragón. Este
tapiz es el único que hay en Aragón con
la efigie de San Jorge, añadiéndole por
este motivo un gran valor sentimental aparte del artístico.
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La importancia de este palacio fue reconocida con
su declaración como Monumento Nacional en 1931.
Sin duda el palacio de Donlope representa uno de los más
claros ejemplos del arte renacentista aragonés de su
cuidado y conservación hasta nuestros días ha
sido responsable directo la Real Maestranza de Caballería
de Zaragoza.
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